
Hace poco, mi hijo mayor descubrió la importancia de la sal en
las comidas. Se me olvidó echar la sal y, lógicamente, el potaje de
lentejas resultó incomible. Cuando le eché un puñado de granitos en su
plato, me dijo muy sorprendido: Mamá, no sabía que la sal cambiase tanto
el sabor. Este insignificante episodio familiar me hizo pensar en una
posible respuesta ante el hecho de que la humanidad aún se mantega viva.
¿Será por la sal como
sucede en las comidas? ¿Será porque esos pocos hombres y mujeres que
verdaderamente aman a los demás, son los que sostienen sobre sus hombros
la poca dignidad que queda todavía?
En más de una
ocasión, cuando lo he visto todo negro, lo que
me ha ayudado a querer seguir
luchando en la batalla de la vida, ha sido encontrarme con la
conmovedora bondad de algunas personas que se han cruzado en mi camino.
Son personas sencillas, normales y corrientes, ciudadanos y ciudadanas de a pie, sin
nombre. Como se suele decir, gente del montón que no destaca, quizás
precisamente por eso, porque la sal para que de sabor no debe verse,
sino permanecer diluida.
Hay una película que
ilustra muy bien lo quiero decir, casi siempre forma parte de la
programación televisiva durante las navidades, se tratra de "Que bello
es vivir" de Frank Capra. En ella, el protagonista George Bailey, un
joven con muchas inquietudes e ilusiones, en lugar de salir de su ciudad
para obtener un futuro con éxito, decide quedarse con la empresa de
empréstitos de su difunto padre. De este modo puede seguir ayudando a la
vecindad a tirar para adelante sin que tengan que pagar altos
intereses, pero eso sí, sin salir el mismo de pobre.
El poderoso y avaro Sr. Potter, siempre estuvo detrás de quedarse con la pequeña empresa de los Bailey para enriquecerse más a través de ella, sin importarle arruinar las vidas de las personas humildes que le solicitasen préstamos. No sé porqué, pero esto último me suena. Y más todavía les sonará a todos aquellos que se han quedado sin casas y lo que es peor, sin posibilidad de tener otra porque tienen que seguir pagando una hipoteca de una casa que ya ni siquiera poseen. Incomprensible, seguir pagando por algo que te han quitado y sin que te devuelvan lo que ya se había pagado.
El poderoso y avaro Sr. Potter, siempre estuvo detrás de quedarse con la pequeña empresa de los Bailey para enriquecerse más a través de ella, sin importarle arruinar las vidas de las personas humildes que le solicitasen préstamos. No sé porqué, pero esto último me suena. Y más todavía les sonará a todos aquellos que se han quedado sin casas y lo que es peor, sin posibilidad de tener otra porque tienen que seguir pagando una hipoteca de una casa que ya ni siquiera poseen. Incomprensible, seguir pagando por algo que te han quitado y sin que te devuelvan lo que ya se había pagado.

Es muy probable que, aunque no abunden, todavía siga habiendo más de un
Cipriano, o Clarence, o George. Cada vez estoy más convencida de ello,
porque si este mundo sigue girando, a pesar de los pesares, es porque
hay una fuerza que, invisible como la sal, lo sostiene.
Hay una antigua leyenda hebráica que
habla de los Lamed Wufniks, unos hombres buenos que habitan en la Tierra
y que sirven como contrapunto a la maldad congénita de la humanidad. En
su libro de los seres imaginarios, Borges también los menciona y dice
de ellos lo siguiente:

Sólo espero que estos otros santos inocentes, estos valiosísimos
pilares, nos sigan sosteniendo por mucho tiempo. No puedo más que
agradecérselo a todos ellos en este su día y como desconozco sus
nombres, te lo quiero agradecer a tí que me estas leyendo en este
momento. A tí que compartes mi camino dándole sabor a mis días, ya sea
con un gesto amable, con una sonrisa o simplemente siendo tú, en tu
lucha diaria, con tus altibajos, pero sin darte por vencido o por
vencida. A tí que amas como buenamente puedes, aunque muchas veces creas
que no es suficiente. A ti, que sigues creyendo en la gente y confias en
que este mundo puede cambiar aportando tu granito de arena. Es verdad
que quizás no tengas grandes cosas, pero tienes lo más importante: estas
pendiente de los demás, compartes, sientes, sufres, vives. A ti, que
permaneces en el anonimato y, que quizás inocentemente, sin saberlo, seas
uno de ellos.
Carmen Marín. 28/12/2011