MIS PRIMEROS RECUERDOS
Una vez oí decir que si en el lugar donde nacimos había un río,
siempre escucharemos su murmullo…Al fondo de mis recuerdos, en
lugar de un río, se oye un repicar de campanas. Las campanas de la
torre de la iglesia que se veía por la ventana de la casa donde
nací. Recuerdo que allá arriba, en lo alto del campanario, anidaban
las cigüeñas. Seguramente una de ellas me trajo a mí desde Paris.
En aquella época todos los niños y las niñas veníamos de allí.
Yo llegué la primera, luego vino mi hermana y después mis dos
hermanos.
Recuerdo con ternura los sábados por la mañana, cuando jugábamos
los cuatro juntos, tan alegres y libres de colegios. Aunque ahora que
lo pienso, en realidad, a mí el colegio me gustaba. Aún puedo ver
con claridad la portada de mi primera cartilla, la cartilla
Amiguitos. Un recuadro negro en el centro y a los lados un niño y
una niña sobre un fondo color naranja. En las dos primeras páginas
aparecían las vocales, cada una con sus inolvidables dibujos: el
avión para la a, el elefante para la e, la iglesia para la i, el oso
para la o y la uva para la u. Para las consonantes, había un gran
tomate junto a la t y junto a la l una gran luna. ¿Para la letra b
era una botella o un barquito? No lo se. Esa imagen se me borró. Del
que sí me acuerdo bien es de ese otro barquito que había una vez y
que era tan chiquito que no podía navegar…


Me gusta recordar los olores de entonces, como el olor del café
cuando mamá lo molía en un molinillo con manivela o el de las
palomitas saltando en la cacerola de aluminio. También recuerdo los
sonidos. Nuestra cocina, a menudo, parecía una feria. La cafetera
silbaba todo el día y la lavadora zumbaba y chirriaba mientras que
soltaba remolinos de espuma. Recuerdo que mi hermana y yo soplábamos
aquella espuma tan blanca y nos parecía que nevaba.
Creo recordar que aquel blanco era más blanco, quizás porque mamá
le daba un ojo y otro ojo a todas las gasas, a los piquillos y a las
sábanas que volaban como palomas blancas tendidas en la azotea.
Me acuerdo de papá encalando las paredes del patio, salpicándolo
todo de puntitos blancos. Para secarse el sudor de la frente sacaba
de su bolsillo uno de sus pañuelos de hilo, que siempre llevaba muy
doblado y planchado.
La mayoría de todos aquellos primeros recuerdos me vienen en blanco
y negro, como si los viese en la tele que teníamos. Hasta que, por
fin, unas navidades los reyes nos trajeron nuestro primer televisor
en color y se grabaron en mi memoria los colores de aquella carta
de ajuste que duraba tanto… A la hora de comer aparecía un reloj
al que siempre le faltaban unos segundos para las tres en punto y
seguidamente comenzaba el telediario. Recuerdo que el hombre del
tiempo siempre era el mismo.
Los sábados por la mañana veíamos los Chipiritiflaúticos, Durante las meriendas echaban “Un globo,
dos globos, tres globos” y el “Un, dos, tres” nos amenizaba la
cena de los viernes.
Esta segunda etapa de mi infancia la recuerdo con muchos números.
Había números por todas partes, tanto en la tele como en las clases
o en el patio del cole cuando contábamos todos los novios que íbamos
a tener, saltando a la comba, o en casa de mi tía donde los viernes
de Dolores toda la familia se reunía para celebrar su santo y jugar
a la lotería. A casi todos los números se les llamaba de otro
modo. Me acuerdo del 15, la niña bonita, o de los dos patitos, el
22. En una esquina de la mesa había una lata de galletas atestada de
botones para apuntar en los cartones. Yo cogía los botones para
apuntarme a la española, para apuntar a la inglesa prefería tres
pesetas.
Cuando el reloj de cuco salía seis veces de su casita, mi
tía nos hacía torrijas y más tarde, para la cena, preparaba
deliciosos canapés, pero eso sí, sin nada de carne porque era
vigilia.

Carmen Marín. Diciembre 2009
me ha encantado...describes muy bien esa época, que hace que recuerde la mía...
ResponderEliminarUn abrazo grande, y sigue escribiendo!!!
Muy bonito Carmen, yo cuando oigo un tren me acuerdo siempre de mi niñez (vivíamos al lado de la via del tren)me trae muchísimos recuerdos. Será por eso que me encanta viajar en él.
ResponderEliminar!!Me ha encantado !!, he estado sonriendo , mientras leia el relato , porque todo, todo, me era familiar . Yó también tuve mis zapatos de charol negro , con la pulserita al lado . Un abrazo y !!sigue deleitandonos con tus escrito !!.
ResponderEliminarPues si, compartimos esos momentos un saludo juan
ResponderEliminarQue tiempos....Es muy corto el viaje ¿sabes?. Ahora yo te quiero contar que surcaré los senderos de tu vida.
ResponderEliminarHermosos recuerdos y que felices viviamos leer tus relatos es volver a la infancia gracias y sigue escribiendo cariños y bendiciones susana
ResponderEliminar¡¡¡Que bonito Carmen!!!Tal como lo has expresado parece que hablabas de muchos de mis recuerdos
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